Cuando estudias el budismo te vas dando cuenta mas pronto que tarde, de la tremenda oportunidad que es vivir esta vida como ser humano y del poco tiempo del que disponemos en realidad para despertar a la consciencia de lo que verdaderamente somos.

Los vaivenes con los que nos sacude la vida, a menudo hacen difícil la tarea de afianzar una práctica profunda que nos prepare realmente para uno de los cambios mas importantes que vamos a experimentar en la vida: la propia muerte.

También la de nuestros seres queridos.

Me ha venido a la cabeza esta reflexión como introducción a este post, porque en la filosofía del Buddha siempre está muy presente la idea de que no tenemos ninguna certeza de cuando nos va a llegar la muerte. Por tanto, debemos trabajar sin demora y con diligencia en una práctica consistente para desarrollar la conciencia y estar suficientemente preparados para el poderoso proceso de abandonar nuestro cuerpo físico.

 

Cultivar el Amor Universal

La semana pasada os compartía aquí en el blog algunos de los conceptos de esta filosofía en mi artículo Meditación Vipassana, una herramienta de autotransformación. Os hablé sobre esta técnica de meditación, que he tenido la oportunidad experimentar en el retiro de silencio de 10 días en el que me he sumergido este verano, afianzando las bases de una práctica para vivir conscientemente cualquiera de los cambios que se van a presentar en nuestra vida.

Practicar esta técnica con persistencia brindará enormes resultados, sin embargo la transformación no será posible si no se acompaña de la actitud adecuada con la que abrazar por completo esta vía del Dharma, o sendero hacia la sabiduría y el despertar.

En el Óctuple Sendero del Buddha se trabaja en desarrollar y perfeccionar tres aspectos muy importantes para el adiestramiento total de la mente:

  1.  Sila, la conducta ética,
  2. Samadhi, la disciplina mental,
  3. Pañña, la sabiduría

Sila está basado en la vasta concepción del amor universal y la compasión hacia todos los seres vivientes, esto es el fundamento de la enseñanza del Buddha. La compasión incluye el amor, la caridad, la tolerancia, así como todas las demás nobles cualidades del corazón.

 

Lo que el Buddha enseñó

Walpola Rahula

Mi experiencia con Metta Bhavana

En mi retiro de meditación Vipassana, la práctica de Metta Bhavana, llegó como cierre final de esos diez días de inmersión profunda, purificando las impurezas que se encuentran en la mente en forma de negatividad. Estos samskaras tan arraigados en lo mas profundo del inconsciente, nos impiden ver la realidad tal como es. Bajo el gran condicionamiento de la mente inconsciente, constantemente cosechando las semillas nuestro karma, positivo y negativo, experimentamos a cada momento los frutos de nuestras acciones.

En la vía del Buddha, todo el karma negativo que llevamos acumulado, busca ser destruido de raíz. Cada una de nuestras acciones está condicionada a generar resultados de acuerdo a la ley de causa y efecto. La motivación que nos mueve a actuar con el pensamiento, la palabra y el cuerpo, bajo la influencia de los samskaras es poco a poco transformada mediante una autodisciplina constante en el cultivo de la atención.

Cuando completas un proceso como es el de 10 días de Meditación Vipassana, ofreces todos los méritos que has cosechado para el beneficio de cada uno de los seres sintientes. Esta práctica se cultiva con un corazón puro y un sentimiento verdadero de buenos deseos. Yo os puedo contar ahora lo potente que fue para mi cultivar este Metta Bhavana o sentimiento de amor universal en mi retiro de meditación. Os comparto de corazón lo que yo experimenté enviando mis buenos deseos para que todos los seres se liberen del sufrimiento.

Durante el tiempo que cultivamos Metta, comprendí claramente que el tremendo esfuerzo, persistencia y trabajo personal que se requiere para purgar toda la negatividad que hay dentro de la mente humana tiene una gran recompensa. Esta recompensa es proporcional a todo el esfuerzo puesto en la tarea y no es únicamente para nuestro propio beneficio. Metta es un bálsamo para el corazón, y puede conducirte a la paz verdadera.

Metta sólo funciona cuando fluye espontáneamente de una mente que se ha purificado.

S.N. Goenka

Se nos introdujo a esta práctica explicándonos con detalle su sentido profundo y como podemos cultivarla después de nuestra meditación diaria. Para desarrollar este sentimiento, tenemos que salir de nuestras aspiraciones egoicas y practicar con la mente abierta y calmada. El Metta Sutra del Buddha está cargado de buenos deseos e intenciones:

Que todos los seres sean felices,

que todos los seres estén dichosos y libres de todo daño….

Yo estaba escuchando con los ojos cerrados el Metta Sutta, en la lengua pali, la lengua en la que el Buddha difundió toda su enseñanza. Me encontraba sentada con las piernas cruzadas, junto a todos los meditadores y meditadoras que allí estábamos, cuando el centro de mi pecho empezó a palpitar con gran fuerza.

La vibración de los sutras resonaba en el centro del mi pecho y la sensación cada vez mas intensa, por momentos, me sacudía. Empecé a experimenta la gran fuerza del corazón y cómo un gran caudal de amor y buenos deseos salían desde el centro del corazón a raudales. Todavía me emociono cuando me acuerdo, lloré muchísimo. Por primera vez en mi vida experimenté la apertura del corazón, con un sentimiento verdadero de bondad hacia el mundo, hacia todos los seres. Deseaba de corazón que todos los seres pudiéramos experimentar la dicha que yo estaba viviendo. El perdón fue llegando también, las viejas heridas ya no se sentían con tanto peso a la luz de esta nueva compresión. La comprensión de que aquellos seres que me dañaron algún día, lo hicieron movidos también por la negatividad y el sufrimiento tan profundo que hay dentro de su propia mente.

Un ciervo al que posiblemente habían disparado justamente antes de entrar en la sala de meditación aquel día, en un campo de allí cercano, acudió a mi mente y sentí una profunda compasión por su vida. Compasión y deseo verdadero de que todos los seres puedan estar libres del sufrimiento.

Tal y como he escuchado tantas veces de las enseñanzas budistas, cada uno de los seres sintientes, tienen un gran aprecio por su vida. Todos experimentan una gran angustia cuando ven amenazada su propia supervivencia. En ese momento de apertura, pude comprender esto, verdaderamente en mi corazón, desde donde salía amor a raudales.

Ese fue el gran regalo y el fruto cosechado por la práctica de tantos días inmersa en la meditación, explorando las miserias y negatividades de la mente humana. Llegó la apertura del corazón. Solté el hacha de guerra y el escudo, experimenté la Paz. Una paz que poco a poco se va perdiendo a medida que te sumerges de nuevo en un mundo, donde las personas, constantemente se mueven con sus propios escudos y hachas de guerra.

Pero la labor es inmensa aquí afuera. Continúa ahora el reto de mantenerse en la autenticidad, cosechando la consciencia, cultivando el arte de vivir para el beneficio de todos los que nos rodean. Personalmente me he propuesto varios retos para mantener la continuidad de la práctica y la vibración del corazón:

  • Practicar formalmente con estas herramientas a diario.
  • Tomar con mayor compromiso la alimentación vegetariana.
  • Poner atención en gestionar mis emociones negativas tan a menudo como me sea posible.

 

La bondad intrínseca

Creo que desarrollar una bondad verdadera es el fin de todas las tradiciones espirituales. Caminar con el corazón fue posiblemente las gran enseñanza de cada uno de los fundadores de cada tradición, el mensaje que quisieron transmitir.

Durante las enseñanzas filosóficas del curso entendí, por qué este propósito tan puro fracasa en tantas religiones.

Por muy santos que pretendamos ser observando las leyes morales, y aunque tengamos una gran compresión filosófica de la existencia, si no se realiza un trabajo experiencial de autobservación, la purga profunda de meterse en el fango de las miserias humanas, para arrancar de raíz cada uno de los patrones inconscientes que producen tanta negatividad en nuestra vida, no llegará la transformación completa, la paz y la apertura del Corazón.

Y una vez que llega la apertura, ¿como se va a mantener? ¿que vamos a hacer para vivir abiertos, en la comprensión de que en nuestra vulnerabilidad esta también nuestra fuerza?

Con esta reflexión y el Metta Sutta de Buddha concluyo aquí este post.

 

Metta Sutta, el amor universal

Que todos los seres sean felices.

Que todos los seres estén dichosos y libres de todo daño.

Que toda cosa viviente: débil o fuerte, larga, grande o mediana, corta o pequeña, visible o invisible, cercana o lejana, nacida o por nacer, que todos esos seres sean felices.

Que nadie decepcione a otro ni desprecia a quien fuere en lo mas mínimo; que nadie, ya sea por cólera o por odio, desee el mal a otro.

Así como una madre protege y vigila hasta con su vida a su único hijo, así, con un pensamiento ilimitado hay que amar a todos los seres vivientes, amar al mundo en su totalidad, arriba, abajo y en torno de él, sin limitación alguna, con bondad benevolente e infinita.

Ya sea estando de pie o caminando, sentado o acostado, mientras uno esté despierto, debe cultivar dicho pensamiento. Esto es denominado la suprema ley de vivir.

Habiendo abandonado las opiniones erróneas, estando dotado de la visión profunda, virtuoso, y libre de los apetitos de los sentidos, aquel que se ha perfeccionado, quedará liberado del samsara.

 

 

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Namasté

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